Como una noche de bodas.
O como después de un parón forzoso, volver a la rutina no es rutina sino un día de júbilo y emoción desbordada. Vaya, como una noche de bodas.
O como después de un parón forzoso, volver a la rutina no es rutina sino un día de júbilo y emoción desbordada. Vaya, como una noche de bodas.
Dos horas libres a la semana.
Así, como suena, por orden facultativa. Dos horas libres a la semana para ella. Era la madre de un niño de doce años, a medida que me explicaba su día a día, hablaba entrecortada, sin tiempo para respirar: el trabajo, las tiendas, el coche, los desplazamientoes, los horarios, la casa, las comidas, la ropa, el cuidado del niño, las extraescolares.
-Doctora, tranquilícese y borre esa cara de susto.
-Matilde no puedo, le contesté.
-Venga mujer, que ya pasó todo. – Me animaba la pobre Matilde tumbada en la sala de reanimación.
Y así va a comenzar esta Batallita Miranda. Por el final.