Batallitas Miranda

Milagros y traumatología.

20 junio, 2018
¿Te apetece un milagro?
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¿Te apetece un milagro? Milagros, traumatología y esperanza.

Puede que hayas tenido un mal día, una mala semana o un mal mes. Puede que lleves mucho tiempo en mala racha. O puede que todo se haya torcido hace nada y te haya cambiado la vida de sopetón el fin de semana.

Pero te aseguro que nada te puede cambiar más la vida que recibir la noticia que tu hijo pueda padecer un cáncer.

Malas noticias. Conectar con el dolor…

¿Te apetece un milagro?

¿Te apetece un milagro?

Y cuando te ocurre eso o lo vives de cerca, se desmorona toda tu vida perfectamente imperfecta. Dejas de quejarte por la factura de la luz, por ese coche que te adelantó en línea continua y por esa mala contestación de alguien que trabaja contigo (que puede que esté más j.dido que tu).

Y cuando diagnosticas y debes comunicar esa sospecha, tu corazón se rompe en mil pedazos. Suspiras ansiosamente y das gracias a Dios de que esta vez no sea tu hija… Llegar a casa y besar a tu hija de un modo que no comprende y abrazarla como si no hubiera un mañana.

Los médicos empatizamos y padecemos horrores por nuestros pacientes. Más aún si se tratan de niños.

Traumatología: Mis milagros.

Mi primer milagro.  Era yo residente (años 2000/2005). Se trataba de un adulto joven emigrante subsahariano (raza africana), le biopsiamos -tomamos muestra- una lesión cervical el 22 de diciembre. Buscábamos un tumor compatible con una lesión que se le comía una vértebra. Acabó siendo una Tuberculosis ósea.

¡Le tocó la lotería! Con unas pastillas -muchas- se curó.

Era imposible comunicarnos con él. Pero ver nuestras caras de alegría le cambiaron el brillo de sus ojos para siempre.

Mi segundo milagro ocurrió en horas bajas en mi año horribilis 2013. Se trataba de una niña a la que yo conocía personalmente, amiga de mi familia.

Confesaré que junto a mi hermana menor, llorábamos largo y tendido en su tienda: Ca la Miranda. Y mientras pasaban los días y me iban comunicando resultados… Yo siempre le decía a mi hermana Montse: Aún no lo es, aún no es cáncer!

Y si, esa niña y esos padres salieron airosos de una planta oncológica con el resultado más ansiado para esa situación: BE-NIG-NO.

Otro caso más para estudio. Un niño.

Mi tercer milagro en traumatología en mis veinte años de carrera médica.

Se trata de un niño al que visité hace nada. Un bulto sospechoso en una parte concreta del esqueleto. Retahíla de pruebas para hacer. Resultados que explicar.

(Trabajar en el Hospital de Santa Tecla, un hospital familiar donde se conoce todo el mundo. Al cabo de poco sin comerlo ni beberlo saber más de ese niño y esa familia sin a penas preguntar. Caras de preocupación de mis compañeros de fatigas, observar el reflejo de mi preocupación en sus gestos. Es que mis hijos van con los suyos al cole, es que yo soy cliente suyo, etc.)

Hablar con los padres midiendo palabras para no nombrar palabras tabú como cáncer, explicar que existen otros diagnósticos posibles (infección, tumores benignos, fracturas…). Evitar contestar a las miradas de súplica de una madre que lo único que ansia es saber que su hijo no padece cáncer. Y tu no poder decir nada.

La preocupación y el tesón del equipo de trauma hace que tocáramos llamando y negociando en tres días conseguir las pruebas precisas para decidir derivar el caso a un Hospital con Cirugía Oncológica Infantil.

¿Puedes llegar a ponerte en la piel de esos padres? ¿Puede alguien merecer esa angustia y sufrimiento?

¿Te apetece un milagro?

¿Te apetece un milagro?

Mi último milagro.

Y si, hoy me han dado otra alegría. Se ve que hoy TOCABA. No sabes si es el Karma o Dios (para mi que es eso…) o que estadísticamente no todo puede salir mal… Mi tercer milagro.

Hoy discretamente alguien muy cercano a esa familia me confirmaba que finalmente no se trataba de un cáncer, sino algo más benigno y banal. Y yo que estoy de bajona, con un mensaje de voz casi me pongo a llorar de alegría.

Y aún con la confirmación de alguien de plena confianza he mandado un WhatsApp al teléfono privado del doctor al que molesté fuera del horario laboral para tener todas las pruebas hechas en dos días.

Le felicité, se quedó perplejo. Y le solté: piensa que habitualmente tu nunca das buenas noticias. Y hoy has dado una! Todo ello custodiado por un flamante emoticono de alegría. Él me contestó con otro. (Quizá pensó que la Miranda es demasiado flower power. ¿Pero sabes qué? Me da exactamente igual!)

Y puede que lo estés pasando mal…

Y si, pese a no estar en mi mejor semana… ni en mi mejor mes y aún así te diré que…

hoy me apetecía un milagro y quería contártelo a ti

Quería mostrarte que alguna vez incluso en medio del dolor más infame hay esperanza. Y ocurren cosas bonitas todos los días. Solo debes abrir bien los ojos. No lo olvides.

Así que… deja de quejarte por tu factura de la luz o por esa chorrada que te preocupa y recuerda que tienes lo principal: TIENES SALUD. Y si además tienes a alguien que te cuida eso ya es el despiporre…

 

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Paracetamor, abrazos y citas.

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