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Noches de verano, perfume y serendipia

3 diciembre, 2017
Noches de verano, perfume y serendipia.
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Noches de verano, perfume y serendipia.

Relato veraz un poco matizado para lectura relajada (O sea Batallita Miranda). Anécdota y reflexión sobre la vida.

Todo empezó el verano de 2016. Una noche loca de agosto, de madrugada, llegó una paciente de unos 70 años con lesiones en codo y rodilla.

Venía acompañada única y exclusivamente de su hija de unos 30 años. Pregunté por el resto de la familia, si reuniría alguien más de familia con ellas. Me dijeron que no, me explicaron que estaban de vacaciones.

Ellas eran de un pueblo del Pirineo catalán y desde hacía más de 20 años todos los años veraneaban en un pueblo de la Costa Dorada. Veraneaban solas madre e hija, el otro hijo de la paciente trabajaba y residía en Barcelona y los fines de semana se unía a la familia.

Noches de verano

La hija -tenía una ligera discapacidad- precisaba una medicación rigurosa cada 12 horas. Esa noche con las prisas y los nervios por el accidente doméstico se la habían olvidado. No llevaban encima la medicación. Era vital proporcionar la dosis de medicamento.

Así pues además de tratar a la madre empezamos la típica “gimcana” nocturna (y veraniega) de averiguar marca exacta de fármaco y dosis. Luego avisar a la supervisora, conseguir las llaves de Farmacia, visita nocturna al Servicio de Farmacia. Total solo era evitar daños mayores, capear la crisis familiar de esas mujeres y no empeorar la situación…

Esa noche la paciente precisó la recolocación de alguna articulación en la posición correcta. Aquí me ahorraré subidas a quirófano, maniobras intempestivas, crujidos, Newtons de fuerza y detalles con poco glamour. Y acabamos de madrugada con dos fantásticos yesos/vendajes prèt-à-porter en brazo y pierna made in Tarragona, made in Miranda.

A la mañana siguiente se organizó el traslado hacia el pueblo del Pirineo donde vivían.

Ella era una señora intensa a la que la vida no le había dado muy buenas cartas para jugar pero que la dignidad y pasión con la que se enfrentaba a la vida era de una entereza admirable. Nos despedimos, nos deseamos suerte en la vida y coloqué esa historia loca de verano en un cajón donde debe ser guardado después de una guardia.

Recuerdos y visitas inesperadas.

Noches de verano, perfume y serendipia. No olvides nunca que el mejor regalo no es el presente, son las manos de que regala.

Noches de verano, perfume y serendipia. No olvides nunca que el mejor regalo no es el presente, son las manos de que regala.

Llegó el verano nuevamente y un día la Secretaria de Traumatología -Rosa Mari- me explicó que una paciente que había atendido el verano anterior quería venir a saludarme. Que intentaría coincidir un sábado por la tarde que yo estuviese de guardia y madre e hijos se acercarían a verme… Pues vivían cerca de Andorra pero se alojaban unos días en la Costa Dorada…

Y la historia a medida que le daba vueltas empezó a buscar en mis archivos remotos de mi memoria. Eso y los datos que me facilitó Rosa Mari hicieron el resto. Era la paciente de aquella noche de agosto.

De esa historia loca de verano recordaba vagamente la intensidad de la paciente, el paso por quirófano y un problema con la hija fuera de lo común.

Le dije que si, que ya lo cuadraría con la paciente. Pero la posibilidad estadística de que una tarde de sábado veraniega en Tarragona el traumatólogo pueda recibir visitas ociosas era muy baja.

Un sábado a finales de verano me sonó el busca, era ella. Milagrosamente yo no tenía trabajo, podía atenderla.

Iba acompañada de su hija y su hijo, no llevaba bastón ni muleta. Me explicó el proceso de convalecencia, el tiempo que pasó ingresada y me mostró los resultados en la misma sala de espera! Doblaba y extendía perfectamente bien codo y rodilla. ¡Un verdadero éxito! (Os lo aseguro.)

Presentes, regalos, gratitud.

Llevaba una bolsa enorme con regalos para toda la gente que la atendió esa noche de agosto. Gente de la que no podía recordar un nombre pero que si recordaba los gestos de compasión y apoyo en momentos duros y de soledad. Su agradecimiento lo demostraba con cada regalo que me cedía.

  • Mire doctora, esto -bombones- es para la anestesista que me durmió. No me acuerdo de su nombre, pero tenía unos ojos fantásticos y una voz cálida. Sonreí y pensé: Noelia. No me equivoqué.
  • Esto para las enfermeras del quirófano. Una de ellas se quedó fuera vigilando a la hija mientras nosotros “procedíamos”.
  • Esto para Rosa Mari por atenderme con dulzura cada vez que intentaba localizarla a usted.
  • Y esto para usted. Una caja perfectamente envuelta de regalo de una perfumería andorrana. Era un magnífico estuche de perfume de esas ediciones especiales.

-Ya sé que quizá no le guste. Pero las niñas de la tienda me dijeron que es posible cambiarlo en una sucursal en España.

-Muchas gracias. Me ha gustado mucho verla y saber que la aventura tarraconense acabó bien.

Nos besamos y abrazamos, y mientras nos despedíamos, ambas sonreíamos con complicidad, sabiendo por qué. La vida le había puesto otra prueba en su camino y su tesón y fuerza habían conseguido mantener unida a esa dama volcada en el cuidado de su familia.

Noches de verano, perfume

Perfume y fidelidad.

Noches de verano, perfume y serendipia.

Noches de verano, perfume y serendipia.

Según que aromas aspiro, me traslado a mi tierna infancia en un santiamén. Disfruto enormemente cuando eso ocurre.

Otras veces, mi olfato ha ayudado a decidir mi carrera profesional: mi sentido exquisito del olfato fue el culpable de que yo no me dedicara a la Cirugía General. Hay cosas -vamos a dejarlo ahí- que no estoy dispuesta a volver a “catar” nunca más en un quirófano…

Cada hogar, cada familia tiene un aroma único, amalgama de jabones corporales, suavizante para la ropa, perfumes y comidas que allí se cocinan.

Otras veces los fuertes aromas a especies te evocan viajes pasados a países orientales.

También el olor corporal y el perfume te recuerdan a alguien que te evoca nostalgia o dolor. Yo siempre fui fiel al perfume que usaba, era un perfume fresco y unisex. Lo usaba el padre de mi hija y yo. A raíz de una “salida forzosa de la zona de confort” tuve que dejar de usarlo.

Ahora soy fiel a otro perfume, un nuevo aroma que solo me reafirma a mí, que no me recuerda a nadie y que posiblemente me acompañe hasta el fin de mis días.

En privado destapé el regalo. Sonreí pues pese a que no era “mi perfume” se le había acercado enormemente.

Un viernes lluviosos me acerqué a la sucursal en Tarragona de esa perfumería con sede en Andorra.No se podía cambiar, solo en Andorra... Era un cambio en la legislación andorrana y española desde hacía un mes! (¡Mala suerte!)

En mis planes no estaba acudir a Andorra los próximos meses. Algo regalado con tanto cariño sin poder ser usado y postergado en el olvido. Una una pena, tanto dinero tirado a la basura, yo nunca usaría esa esencia. Y fiel a mi convicción solo podría brindar ese perfume a alguien que ya lo usara.

Para mí el perfume es algo extremadamente personal e intransferible.

Serendipia.

Según la RAE, Serendipia: Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual.

Serendipia -para mí- algo mágico que sucede por casualidad.

Dejé aparcado mi perfume en el maletero de mi coche a la espera de decidir qué hacer con ese regalo. Y entonces empezó a ocurrir: serendipia.

En el grupo familiar de Whatsapp, un lunes, mi tía soltó: el miércoles el tío y yo nos vamos a Andorra. ¿Alguien necesita algo?

La llamé de inmediato. El problema sería acercarme a mi puebloAlcover– antes del miércoles.

  • Yo resido en Valls, un pueblo situado en el interior de Tarragona, conocido internacionalmente por dos motivos: els castells y la calçotada.
  • Valls y Alcover están separados por tan solo 10 kilómetros.

La solución fue dejar, el martes, a mi hija en clase de karate -una hora- y salir volando con mi coche a Alcover. Si todo salía según lo previsto, me sobrarían veinte minutos, aún con charla animada con mi tía y mis sobrinos.

Serendipia un día cualquiera.

Y entonces volvió a ocurrir… En una larga recta interminable los coches y camiones con los que me cruzaba me hacían ráfagas de luces. Algo ocurría. De repente ante mi apareció algo ya identificado otras veces: un accidente. Camión, coches implicados, moto de gran cilindrada y la figura de un motorista inmóvil yacía en el suelo boca a bajo.

Aparqué el coche lejos del tumulto, en el arcén. Proteger  y evitar más accidentes es prioritario. Luego raudamente me acerqué hacia la figura que estaba tumbada en el suelo. A su alrededor la gente nerviosa estaban esperando alguna señal. No tocaban al muchacho. La más nerviosa era una muchacha vestida de motorista cuero de la cabeza a los pies que gritaba sin saber qué hacer.

El muchacho aún respiraba, llevaba el casco colocado pero no estaba en posición de seguridad. No había sanitarios, ni policías, ni bomberos. Me tocaría una vez más organizar una situación no controlable. Me identifiqué como médico, la muchacha me miró aliviada con ojos suplicantes por salvar a aquel muchacho.

Movimos al chico entre varios voluntarios, a mis órdenes raudamente colaboraban. Retiramos el casco, despejamos la boca (vía aérea) y aún respiraba. Al poco llegaron mossos de esquadra (me identifiqué) y los bomberos voluntarios de Alcover (ellos no precisaron mi identificación, me conocían) ambulancia y médico. Me puse bajo la tutela del médico de la ambulancia que me sugirió que continuara con el rescate hasta estabilizar al muchacho.

Le comenté al doctor mis sospechas diagnósticas… ¡Como me gustaría a veces equivocarme! Al día siguiente me interesé por él. Mis predicciones no ibandesencaminadas. Las noticias que me llegaban no eran esperanzadoras..

Noches de verano, perfume y serendipia

Yo no debía estar ahí o quizá si?

En día laboral casi nunca me desplazo a mi pueblo, el trabajo, las actividades extraescolares limitan mi vida social en Alcover -mi pueblo- a los fines de semana. La posibilidad estadística de que yo pasara por esa carretera en un martes era casi nula.

¿Pero si todo el universo conspiró para que esa tarde eso ocurriera? ¿O simplemente ocurrió lo de la mariposa, que en un lado del mundo bate una mariposa sus alas y en el otro extremo del mundo ocurre una tragedia? ¿Y si unas amables palabras y unos actos desinteresados obraran milagros?

El cuidado exquisito del familiar de un enfermo, las amables palabras de mi anestesista, el despertar placentero de una exquisita anestesia. Sin todo ello nada hubiese ocurrido. ¿Y si Rosa Mari hubiese mandado a paseo a la paciente? ¿Y si mi enferma no hubiese sentido la necesidad vital de volver a Santa Tecla a dar las gracias nada hubiese ocurrido?

Soy de pueblo, a mucha honra!

Noches de verano, perfume y serendipia. Un cuento antes de Navidad.

Noches de verano, perfume y serendipia. Un cuento antes de Navidad.

Y resultó que el motorista herido era vecino de un pueblo de la comarca. Terceras personas nos unían. Y hace unos días recibí una gran noticia, había recibido el alta hospitalaria y continuaba recuperándose en su domicilio. Tuvo unas amables palabras de agradecimiento para mi.

Fue entonces cuando empecé a reflexionar sobre lo sucedido. Y así nació Noches de verano, perfume y serendipia. Quería celebrar este momento mágico de la vida con los lectores de mi blog.

¿Y si la vida fuese una cadena de favores?

Un favor realizado de manera altruista lo puede cambiar todo, ya lo ves!

Me apetecía enormemente contarte esta Batallita Miranda, o este cuento antes de Navidad. (Con una humildad extrema. Te lo aseguro!)

¡Mi entrada número 100!

Un modo de celebrar un gran número! Hoy me escabullí de mi perfil de comunicadora de salud para brindarte este relato: Noches de verano, perfume y serendipia es mi entrada número 100 en esta aventura virtual de www.mirandatrauma.com y redes sociales.

En www.mirandatrauma.com encontrarás 96 posts.

Entra en www.tuvidasindolor.es podrás leer estos tres artículos hechos con mucho cariño y complicidad.

En www.nutriestilesport.com

Gracias por leerme y por compartir con vuestros seres queridos mis aportaciones sobre Traumatología, Medicina y demás. Deseo que este cuento antes de Navidad haya sido el primero de muchos regalos que te lleguen al corazón en estas fiestas.

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